Una empresa gris

Por noviembre 12, 2015Blog

Una anécdota real: A final de año, un director de departamento convoca a una reunión a su equipo. El objetivo: recabar ideas nuevas sobre qué proyectos se pueden poner en marcha a lo largo del año que está por comenzar. Antes de la reunión, un mando intermedio llama a su despacho a ese técnico entusiasta que siempre está con diferentes ocurrencias. Le pide que cierre la puerta y le dice sin más: “ni se te ocurra dar en la reunión alguna de tus ideas que tanto le gustan al jefe, no estoy dispuesto a que venga más trabajo al área, es suficiente con el que ya tenemos.” El técnico sale del despacho dispuesto a romper el papel donde había anotado las propuestas que tenía preparadas para la famosa reunión… pero no lo hace. Su entusiasmo ha recibido un nuevo revés, pero sigue esperando la oportunidad de hacer algo para poner un poco de color en esa empresa que le parece tan gris.

¿Y qué es una empresa gris? Una empresa donde predominan personas que han decidido acomodarse, hacer lo mínimo, no ser todo lo profesionales que podrían llegar a ser. La RAE define mediocre como algo “de calidad media, de poco mérito, tirando a malo.” Y es que la mediocridad es eso: tener la capacidad para ser mejor y decidir no serlo. Lo más peligroso: su virulencia. La mediocridad es contagiosa, al mediocre no le gusta tener cerca a personas que buscan la excelencia.

Pero tampoco culpabilicemos a quien actúa con mediocridad. Seguramente detrás de su actitud haya una de las dos causas más comunes: o no encuentra un motivo para esforzarse a ser mejor, o tiene una pobre imagen de sí mismo. Podemos deducir entonces que, si queremos dejar de ser mediocres, conviene atender a tres claves:

1. Querer: Tener la firme voluntad de mejorar, estar convencidos de que podemos ser mejores y de que ello nos traerá beneficios.

2. Saber: Conocer cuáles son aquellos aspectos susceptibles de mejora y hasta dónde podemos hacerlos llegar.

3. Tener: Poner los medios necesarios para conseguirlo (tiempo, esfuerzo y, quizá, dinero)

¿Y cómo se traslada esto a una gestión de empresa?

Lo primero: queriendo. Parece obvio, pero si quien dirige no está realmente dispuesto a hacer que su empresa sea todo lo buena que puede llegar a ser, difícilmente conseguirá despuntar.

Lo segundo: conociendo a su gente y sabiendo hasta dónde puede llegar. Detectando perfiles con potencial, descubriendo el talento de cada trabajador.

Lo tercero: haciendo un plan de acción a medio / largo plazo. Destinando tiempo y recursos a un proyecto ambicioso pero realista.

¿Es posible acabar con la mediocridad en la empresa? Decididamente SÍ. ¿Es sencillo? Definitivamente NO. Pero no por complejo vamos a dejar de intentarlo porque, en ese caso, también nosotros estaríamos actuando como personas grises.

Deja una respuesta