En la actualidad, con la cultura de globalización y el crecimiento de industrias transnacionales, como organizaciones nos hemos enfrentado a constantes cambios y actualizaciones, siempre con el fin generar mejores resultados internos que se reflejen externamente. Cuando decidimos hacer un cambio e introducir una nueva metodología de trabajo en la organización, nos empeñamos en vender la idea del cambio de cultura para mejorar e incluimos a toda la organización en este cambio. Luego nos topamos con que esa metodología no funcionó y ahora tendremos que hacerle adaptaciones para tratar de recuperarla y que no se perciba que fracasamos; y solemos, incluso, decir que todo fue por la gran resistencia al cambio que existe en la gente.
Es importante entender dos situaciones; una, siempre existirá resistencia al cambio y, dos, siempre tendremos que plantearnos que quizá nosotros no somos los que tenemos que adaptarnos a la metodología sino que tenemos que pensar en adaptar la metodología a nosotros analizando detenidamente cuales son los cambios que presupone que puedan generar mejoras para la organización. Tampoco podemos dejar de pensar bajo qué cultura fue desarrollada dicha metodología y en qué nueva cultura quiere ser implementada. Como cultura no nos sólo referimos a la organizacional, sino a la social, a la forma de vida de cada país o región.
Ahora tendremos que analizar los problemas de implementación con los que nos enfrentamos y, sin desvirtuar la propia metodología, aprender de ello y entender cuáles son los cambios que serán verdaderamente significativos y se verán reflejados en el día a día de la organización.
Hacernos estos planteamientos previo a diseñar nuestro plan de implementación y empezar a vender la idea de un cambio excepcional podrá prevenir el fracaso de dicho cambio y ver verdadera mejora en los resultados y en la credibilidad de las personas que forman la organización.
