Que el desarrollo personal o profesional es un proceso parece algo evidente pero, en muchísimas ocasiones se pierde de vista su carácter continuo. El desarrollo, sea de competencias o de otro tipo de habilidades o técnicas, no se compone de momentos aislados (evaluación, curso, máster, x,…) sino que es un proceso de desarrollo continuo y continuado. De hecho, entendemos esta visión como uno de los paradigmas (en un modelo exento de ellos) del modelo 702010. No hay momentos aislados, sino proceso continuo con puntos que se entrecruzan. De aquí la importancia fundamental que el seguimiento tiene para asegurar un proceso de desarrollo. Uno no echa a una planta 60 litros de agua y luego se olvida de ella durante seis meses. Tiene que regarla cada día, y asegurarse de que su desarrollo es el esperado. Sin embargo, en ocasiones se actúa de este modo. Empachamos a las personas con acciones formativas de muchísimas horas y esperamos que las asimilen, las apliquen a su trabajo y se produzcan cambios, mientras nosotros nos olvidamos de ellos. No puedo plantar el árbol y volver en primavera a por los frutos. Si no he hecho nada mientras tanto, es probable que no haya fruto, o sea de mucha menos calidad de lo que esperaba y de la que hubiera podido ser. Como hemos mencionado en otros artículos, así como todo proceso de desarrollo conlleva un plan de acción individual para el participante, todo plan de acción conlleva un seguimiento. Ese seguimiento no debe ser entendido como un «marcaje» o una vigilancia, sino como una ayuda, una guía y un estímulo. La sola presencia de unos hitos de seguimiento en los que las personas puedan comentar sus progresos o los problemas encontrados motiva al participante y mejora la calidad de los planes de acción. Desarrollar un plan de acción no es fácil, pero llevarlo a la práctica con consistencia es aún más difícil, y es aquí donde el factor seguimiento cobra una importancia fundamental. Además, el seguimiento, en lugar de ser visto como un coste añadido al proceso debería serlo como un ahorro. Hay programas de formación magníficos, y magníficamente diseñados, que no consiguen los objetivos deseados, simplemente por falta de ese seguimiento. El seguimiento asegura la inversión, y que las inversiones den fruto debería ser la máxima preocupación de un profesional, también en recursos humanos.
