Habiendo tenido estos días un enriquecedor cambio de impresiones con nuestro colega y amigo Ángel Largo sobre conceptos como «competencias» vs. «virtudes», ello nos ha hecho reflexionar una vez más sobre la evolución de los conceptos en el mundo de la psicología del trabajo y los recursos humanos. Y es que nos hizo recordar que el concepto «virtudes» se ha utilizado ya, aunque con un enfoque muy distinto al que Ángel utiliza, pese a la coincidencia terminológica. Aunque, no habiendo leído el original, no sabemos si la traducción del término «virtud» es quizá la más adecuada, Walter Heinz lo utiliza (, pra referirse a las características demandadas del trabajador en épocas de la Organización Científica del Trabajo, y que tendían a centrarse en aspectos como la puntualidad o la disciplina, mucho más que en otros más sofisticados. Y es que la función crea el órgano, esto es, la pregunta siempre ha sido la misma: ¿qué necesita el trabajo del trabajador o, formulada de otro modo, qué aporta el trabajador al trabajo? Y es en esas demandas donde se puede observar la evolución de las formas productivas y organizativas. En un entorno de tareas milimétricamente detalladas y movimientos y tiempos estudiados, las «virtudes del trabajador» tienden a ser básicas. Es en siguientes etapas de desarrollo cuando empiezan a necesitarse habilidades técnicas y de supervisión más sofisticadas. Y cada vez más, influido también por la evolución social y económica, lo que se demanda al trabajador va cambiando. Las nuevas formas de organización demandan competencias sociales y transversales, además de tecnológicas. Lo crítico empieza a ser la «cabeza» del trabajador.
¿Adonde queremos llegar? A que el propio concepto de competencia surge para tratar de explicar el enriquecimiento y la complejidad que se va dando en el ámbito laboral. Y, como ese ámbito sigue evolucionando a cada vez mayor velocidad, ni el modelo de competencias ni ningún otro pueden ser modelos «cerrados» o «definitivos». Los modelos explican la realidad y no, como se pretende a veces, la crean. No pretendemos (bien al contrario) decir con esto que el modelo de competencias haya llegado a su «decadencia», pensamos que aún le quedan muchos años de aportar cosas. Lo que sí es cierto es que, al estar la realidad en continuo movimiento, los modelos han de seguir estándolo. Cuando tu modelo deje de explicar la realidad…es que será el momento de buscar otro.
