No. Así de categórico. Dentro del mundo del desarrollo profesional y personal existe, desde hace bastantes años, la tendencia a poner un énfasis desmesurado en la actitud como base de los resultados en la vida y en el trabajo: «si quieres, puedes», «consigue tus sueños», «los problemas son oportunidades», etc. De tal manera se ha insistido en esto que creo que ha llegado a ser perjudicial, y mucho en algunos casos. Pero expliquémonos: es obvio que la actitud es un punto de partida. Si no estoy motivado con respecto a conseguir algo difícil, es bastante improbable que lo consiga. Pero eso no es, ni mucho menos, lo único. En ocasiones, ni siquiera es lo más importante. Mi sueño puede ser el convertirme en jugador profesional de fútbol pero, si tengo 46 años, 100 kilos y no he hecho deporte desde el colegio, es bastante complicado que, por mucho entusiasmo que le ponga al asunto, llegue a serlo. Hay otras muchas cosas aparte de la actitud a la hora de conseguir resultados, y el centrarse únicamente en el deseo de conseguir algo no va a hacer que lo consiga. El aspecto nocivo que comentábamos antes aparece sobre todo cuando llego a la conclusión de que si no he conseguido ese resultado, es que no lo he intentado o deseado lo suficiente. Esto ya, además de falso en una gran parte de las ocasiones, es cruel. Y fomentar que, sin base alguna, la gente se lance tras «sueños» es, en nuestra opinión, bastante irresponsable. El trabajo de un profesional del desarrollo de personas es saber qué necesita una persona para llegar a determinadas metas, y saber a QUÉ metas puede llegar (¿para qué evaluamos si no?). El toque «peliculero» de algunas aproximaciones al desarrollo personal y profesional genera, en muchas ocasiones, más mal que bien. El optimismo es magnífico cuando tiene una base, si no es un salto al vacio. Y, a veces, los problemas no son oportunidades. Son problemas.
