En determinadas ocasiones, la dificultad para que las acciones de formación o desarrollo sean eficaces (hablando sobre todo de su aplicación al puesto) no se centra tanto en la temática, ni en las condiciones de partida de los participantes. Se centra en la empresa y su entorno. Y es que en ocasiones se pretende crear en un aula lo que en la realidad no existe. Es decir, pretendo que la gente aprenda a tomar decisiones…cuando mi sistemática, mis procesos de trabajo, sus propias definiciones de puesto osus propios mandos evitan que toman decisiones. ¿Cómo puede funcionar entonces? ¿Es posible tener personas colaboradoras en un entorno agresivamente competitivo? ¿Personas creativas e innovadoras en entornos que no permiten el error? El desarrollo profesional no debe basarse en «deberías» o en ser políticamente correcto, o en pensar que, por ejemplo, el trabajo en equipo es algo intrínsecamente bueno (aunque pensemos que a largo plazo debería ser más eficaz). Depende del tipo de organización que tenga, a ese tipo deben servir mis acciones…a no ser que quiera cambiarla, obviamente. Para mantener la coherencia entre lo que queremos y lo que hacemos, siempre es buen consejo recordar aquello de «queredlas cual las hacéis, o hacedlas cual las buscáis».
